Vol.
44

133
2018
resena2

Salcedo

Tomás Errázuriz y
Ricardo Greene (Eds.)

 

Talca: Editorial Bifurcaciones, 2017. 472 p.

 

 

 

Este libro constituye un justo y serio homenaje a Rodrigo Salcedo (1969-2017), sociólogo urbano formado en la P. Universidad Católica de Chile, con magíster y doctorado en Ciencia Política en la Universidad de Illinois en Chicago. Además de una intensa actividad académica, Rodrigo fue durante toda su vida, un activo militante del Partido Socialista. La compilación titulada SALCEDO reúne sus diversas caras y rinde tributo a su pensamiento sociológico y político.

Los editores Ricardo Greene y Tomás Errázuriz, junto a la colaboración de amigos y amigas de Rodrigo, nos presentan una selección de los 25 trabajos más importantes de su obra, incluyendo varios inéditos. Con una edición inteligente y cuidadosa, el libro recorre desde su pensamiento sobre teoría del espacio a su pensamiento político, pasando por el análisis de casos como la vivienda social, el barrio cerrado y el mall, espacio donde ciertamente Rodrigo innovó y desnaturalizó –como socialista que era– nuestros prejuicios y resistencias profundas a este lugar privilegiado del consumo de masas. Completan el libro tres prólogos inéditos de Dennis Judd, Michael Dear y Francisco Sabatini.

Como bien nos recuerdan los editores, Rodrigo Salcedo sorprendió siempre por su habilidad para cuestionar supuestos y relativizar visiones románticas del pasado, ofreciendo, con un estilo punzante, una mirada franca y rigurosa sobre fenómenos como la segregación espacial, los espacios públicos, las prácticas de consumo, la segmentación socioeconómica o las recientes transformaciones políticas del país.

Dennis Judd señala de forma acertada en la presentación del libro, que Rodrigo estaba convencido de que lo que falta en la comprensión de las ciudades, es el otro lado de la historia: la mediación de formas locales de resistencia, las herencias urbanas y la cultura. Efectivamente, como bien advierte Judd, a Rodrigo le gustaba insistir en que los procesos de globalización mercantil, pese a su fuerza, no han homogeneizado ni cubierto todos los espacios urbanos. Cada capítulo de este libro es, por cierto, un ejercicio en este sentido. Sus investigaciones sobre malls y condominios son la mejor expresión de esta búsqueda de expresiones urbanas diversas en contextos neoliberales.

Leyendo estos textos cabe preguntarse si la cuestión de fondo no es la búsqueda de expresiones residuales de ciudadanía, de soberanía; o la respuesta contrahegemónica del individuo frente a las fuerzas del mercado que todo lo cubre. Rodrigo, en su obstinación como observador y analista minucioso, lo que busca es esos pequeños gestos urbanos que permiten pensar que los lazos sociales pueden construirse y afiatarse en espacios como los malls, como el gueto o el condominio, a pesar de las determinantes estructurales del mercado. Rodrigo creía, sin necesariamente explicitarlo, en la condición urbana, comprendida como la celebración de la diversidad y el derecho a existir en ella.

Tal vez porque Salcedo era un optimista, como bien reconoce su amigo Sabatini, para él todo espacio, incluso el mall, puede convertirse potencialmente en un lugar que incentiva y posibilita la interacción entre grupos diversos. Para Salcedo, la cultura y las prácticas locales constituían así un conjunto de códigos a los cuales echar mano para hacer frente al mercado, a la globalización y a sus efectos homogeneizadores.

Para Salcedo, sin embargo, la acción aparece como un ejercicio fundamentalmente solitario; aun así, en estos encuentros interclases las interacciones y sus resultados parecen permitir nuevos espacios de integración. Incluso los más pobres mejoran su geografía de oportunidades ocupando, tomando y usando de manera irreverente espacios desperdigados por la ciudad propia. Lo que no nos dice Salcedo, pero no está con nosotros para discutir con él, es la fuerza que los modelos culturales y de consumo de las elites tienen sobre los más pobres. En general –y sus estudios lo confirman–, se mira desde abajo hacia arriba, y allí las subalternidades tienen a menudo serias dificultades para construir grados mínimos de soberanía y autonomía. No cabe duda, señala Rodrigo, que las estructuras económicas se materializan, en distintas ciudades, en formas específicas de interacción, y que ellas desempeñan un rol en la política, la cultura y los movimientos de participación social y resistencia. Queda en el aire si esas formas específicas lograrán emanciparse culturalmente de las estructuras de dominación; pero descubrirlas y visibilizarlas como hace Rodrigo, es un gran primer paso.

Ciertamente Salcedo era un optimista, y desde ahí escribe y desde ahí vive y lee esta y otras ciudades. Y porque era optimista y era de izquierda, estas lecturas no eran solo académicas, sino también políticas. Como buen sociólogo, ejercita lo que Pierre Bourdieu llamaría objetivación participante, esto es, objetiva su participación y su lugar en cada investigación. En muchos de estos capítulos, Rodrigo explicita su particular punto de vista, llegando incluso a escribir en primera persona, algo poco habitual en el mundo de los intelectuales de las ciencias sociales. Pero, para Rodrigo, pareciera ser un ejercicio de honestidad con nosotros y con él mismo; la única vía para una sociedad más justa e integrada.

Me quiero detener brevemente en sus estudios, realizados junto a otros jóvenes colegas, sobre el mall. Es interesante que, ya en el año 2002, aparece en uno de sus textos la preocupación por estos espacios comerciales. Rodrigo se atreve a romper con los prejuicios, en especial de la izquierda. Fascinante es su artículo en el que critica y toma posición sobre la reticencia de los sectores sociales al análisis de estos espacios. En él nos recuerda el rechazo indignado del Presidente de la República Patricio Aylwin a la invitación que le hizo el mall Alto Las Condes para su inauguración en 1993: “Nunca he estado ni pondré jamás un pie en un mall”. A continuación Salcedo señala, en su particular estilo, “este fue uno de los últimos estertores del ascetismo católico social republicano y una señal de la pugna valórica que cruzaba al conjunto del país, rompiendo la tradicional línea divisoria entre izquierda y derecha” (p. 303).

En el estudio del mall, Rodrigo utiliza audazmente la etnografía. Una etnografía hecha con cierta prisa y dificultad para esquivar la mirada atenta de guardias y cámaras de seguridad. Ciertamente en estas 27 estadías de terreno en el mall, Salcedo no tendrá el tiempo de vagar y aburrirse, como lo podría haber hecho Bronislaw Malinowski en las islas Trobriand. Pero habría que preguntarse si la mirada pausada y detenida de la etnografía clásica puede tener lugar en el vértigo del consumo. Y si, más bien, en ese ejercicio de la compra y el bullicio, lo que cabe no es sino perderse con el consumidor, tal como lo hacen Salcedo y su equipo de investigadores. De alguna manera, él recrea y adecua la etnografía a las nuevas circunstancias de los tiempos y los espacios del consumo.

Relevante me parece señalar que, en los escritos sobre mall, aparece por primera vez la voz en primera persona. Si no me equivoco, en el mall Rodrigo encuentra algo que venía buscando desde hace años en sus investigaciones. “Desde mi perspectiva –señala–, el análisis del espacio público, ya sea moderno o post-moderno, debe incorporar el estudio del poder social y las formas como éste se expresa y ejerce, como categoría central de investigación” (p. 226). Sin embargo, más que la microfísica del poder, Salcedo nos advierte que son los gestos de resistencia lo que a él le preocupa. El espacio urbano es leído como el lugar donde el poder se ejerce, el escenario del conflicto constante entre fuerzas hegemónicas y discursos alternativos de resistencia. Empatizando con Michel De Certeau, Salcedo busca observar las prácticas a veces residuales que alteran los sentidos y usos espaciales, pero sin necesariamente constituirse en discursos totalizantes frente a la hegemonía. Esta declaración epistemológica de Salcedo data de 2002, mucho antes de abocarse plenamente al estudio de los malls; pero de alguna forma la preocupación por estos espacios ya estaba ahí. Ciertamente, esta es una preocupación que lo acompaña permanentemente, y en este ejercicio de las resistencias aparece también la seducción que algunas claves hegemónicas ejercen sobre él. Salcedo no le hace el quite a esta posibilidad, tal vez porque es un optimista, como nos advierte Sabatini.

Sin embargo, hay que advertir que en la presentación del plan del libro que quería escribir, el año 2013, Salcedo nos señala que él es plenamente consciente de que uno de los sesgos teóricos con los que habría de vérselas es el del etnocentrismo metropolitano. Un etnocentrismo europeizante y norteamericanizante, como él mismo señala. De allí sus resguardos con estos sesgos, en los espacios que llamará espacios pseudo o pospúblicos, como son el barrio cerrado y el mall.

Esta misma actitud la tiene en sus estudios de pobreza, donde cuida diferenciar los tipos de pobreza y, por sobre todo, los tipos de vínculos sociales que unen o desunen al pobre del resto de la sociedad. En su texto inédito sobre autosegregación, Salcedo nos entrega una hipótesis que por cierto será transversal en sus estudios: la gentrificación –y los malls– deben ser explicados desde una perspectiva tanto económica como cultural. Su hipótesis es que el deseo de mantener una identidad basada en la clase estaría comenzando a perder importancia en comparación con otras fuentes de identidad. Hoy las familias y las personas no buscan ser parte de una elite abstracta, sino de comunidades pequeñas, donde no solo se comparte una clase o un nivel de ingreso, sino además cierto estilo de vida, tendencias sexuales o generacionales. La elección de localizaciones residenciales diversas se vuelve en sí misma un elemento de distinción y de afirmación de las diferencias.

Posteriormente veremos que esta misma hipótesis tiene cabida en el análisis de los malls. Empeñado en discutir la demonización y perversidad del mall, Salcedo sostiene que el éxito que han alcanzado estas instalaciones se explica por su capacidad de proveer espacios públicos de calidad –“una isla o un remanso en la ciudad maltrecha e insegura”– y ofrecer experiencias en las que los actores construyen y negocian sus identidades, sus estilos de vida y sus estéticas.

En realidad habría que terminar diciendo que tanto el mall como los guetos o los condominios son, para Salcedo, la metáfora perfecta para dar cuenta de una sociedad y una cultura que se hace a sí misma al desamparo del Estado y del mercado. Observarlos e investigarlos es una gran excusa para hablar de Chile, de sus transformaciones socioeconómicas, de sus ataduras al neoliberalismo globalizado, pero, por sobre todo, para descubrir cómo cada uno de nosotros se las arregla en esta maraña del mercado y la desigualdad para construirse un espacio de dignidad y justicia. Cómo cada uno se las arregla para soñar y practicar un modo de vida, a pesar del peso de las estructuras y la brutalidad del mercado. Porque, ciertamente, Salcedo amaba la vida y el vínculo amoroso que nos amarra a ella y a nosotros. En el texto que cierra este libro, Salcedo ya soñaba, el año 2009, con una “nueva generación política (¿intelectual quizás?) que aspire a reemplazar a la elite, imaginando otros mundos distintos al actual y reclamando para sí un rol central en la construcción de los nuevos imaginarios” (p. 418).

 

Francisca Márquez

Universidad Alberto Hurtado, Santiago, Chile.

e-mail: fmarquezb@gmail.com

vol 44 | no 133 | septiembre 2018 | pp. 277-286 | reseñas | ©EURE

issn impreso 0250-7161 | issn digital 0717-6236

Márquez, F. (2018). Salcedo. Revista EURE - Revista De Estudios Urbano Regionales, 44(133).