Vol.
42

127
2016
contreras

Rutas migrantes en Chile. Habitar, festejar y trabajar

Walter Imilan, Carolina Stefoni y Francisca Márquez, eds.

Colección Antropología. Santiago de Chile: Universidad Alberto Hurtado, 2016. 314 p.

 

En el libro Rutas migrantes en Chile escriben autores sensibles, empáticos y observadores. Cada relato se construye con etnografías, recorridos participantes, construcciones de mapas mentales que apelan al respeto y la dignidad de aquellos que somos nosotros mismos. Cada artículo despierta sensibilidad espacial, espiritual y cultural. Es una aventura para el lector, invitado a comprender el sentir del proyecto inmigratorio. Se transmiten sutilmente los miedos, los olores, los sabores, las estrategias a través de las comidas propias de los inmigrantes, y las tácticas a las que recurren en cuerpo y alma para iniciar un recorrido y trayectoria residencial inciertos.

La portada del libro se inspiró en todo aquello que se invisibiliza al cruzar una frontera, un espacio jurídico y administrativo que impone y supone un relato del miedo al paso, un tránsito con normas y reglas carentes de sensibilidad. Se desconocen los pormenores de las personas representadas en la fotografía que ilustra la portada, pero deteniéndose en sus rasgos, en sus ropajes y prendas de vestir, se puede intuir una forma diferenciada y heterogénea de construir un proyecto y relato: algunos, como las mujeres inmigrantes bolivianas e incluso peruanas, construyen un proyecto en el camino, sustentado en la violencia a la cual se ven sometidas en sus espacios de origen, o bien por múltiples causas no necesariamente ancladas a la búsqueda de trabajo como factor exclusivo de expulsión.

Una ruta inmigratoria significa un trayecto, un itinerario, aunque a veces la dirección del viaje se construye según las limitantes o contraintes que el sujeto descubre y encuentra a medida que avanza hacia un destino incierto y desconocido. Para muchos, la salida de sus territorios de origen significa no solo progreso, sino más bien libertad, pero una libertad condenada a las reglas y normalidades o anormalidades que establece la supuesta sociedad de acogida.

Tres editores, diez autores, siete relatos de inmigrantes, imágenes de prácticas espaciales componen el cuerpo del libro. Se exploran conceptos articulados entre migración, arraigo, desarraigo, sentido de los espacios, soledad, ajuste, transmisión de olores, decepción, encierro, soledad y sabores. El rol de los editores es clave en asegurar permanencia y continuidad en los artículos, historias y conceptos. Rutas migrantes en Chile entrelaza el sentido de habitar el territorio entendido esto último como la construcción de relaciones, vínculos entre sujetos , las transformaciones de los espacios, y las dinámicas y conflictos al interior de las viviendas y en los espacios habitados.

Habitar representa el primer término del relato recogido en el libro. Contiene el sentido que los sujetos sociales asignan no solo al espacio habitado, sino también al practicado y recorrido.

Festejar configura el segundo concepto: refleja la felicidad transitoria de muchos inmigrantes que traen sus prácticas preexistentes y las vinculan con prácticas propias de los territorios de acogida. También refleja el sentido que quieren transmitir los editores a sus lectores, en el entendido de que el paso por las barreras y fronteras despierta el deseo de hacer de la vida cotidiana del inmigrante una fiesta. Una fiesta que revela el sentido que ellos asignan a los espacios comunes, del diálogo y de la coexistencia. Festejar a su vez se configura como la antesala de lo que involucra arraigarse y vincularse con espacios de acogida. El término, energiza la lectura e invita a la reflexión, en tanto los inmigrantes transmiten al Chile de acogida sus bailes, espiritualidades, religiosidades, comidas, sabores, entre otras manifestaciones culturales necesarias de respetar en su esencia, aunque transmutadas por las nuevas circunstancias.

Trabajar representa el tercer componente de esta triada, que despierta curiosidad respecto del orden y sentido de las palabras en el conjunto de los relatos. Porque trabajar es un eslabón y una causa inicial que empuja el proyecto inmigratorio, espoleando a los sujetos migrantes a una vida cotidiana que tiende a transitar exclusivamente entre el sentido asignado al trabajo.

En cada una de estas partes se entrelazan diferentes conceptos: vida, fronteras, migración, arraigo, reciprocidad, desarraigo, prácticas espaciales, espacio, inmigrantes, ritos y festividades, nostalgia, identidad, trabajo, redes, viajes sin retornos y migrar juntos. Cada uno de estos términos testimonia la complejidad del proyecto inmigratorio. Las palabras desnudan a los inmigrantes, especialmente latinoamericanos que arriban a nuestro país con la esperanza de descubrir un territorio lleno de posibilidades, buscando establecer puentes entre habitar el espacio, festejar entre iguales y con los desconocidos, e insertarse al trabajo como táctica y estrategia representativa de sus identidades, las cuales están dominadas por el dolor y la alegría de construir un proyecto inmigratorio.

Los relatos están apegados a la experiencia de inmigrantes peruanos. Las espacialidades y lugares de origen son Trujillo, Chincha, Iquitos y Chimbote, entre otros. Cada uno de estos sitios es ampliamente descrito por los autores, y en conjunto tienden a reflejar las condiciones políticas, económicas y sociales de quienes salen de sus espacios de origen. Algunos testimonios de familias entrevistadas reflejan que los sujetos sienten que su recorrido inmigratorio está inserto en una movilidad sociorresidencial descendente respecto de los hogares parentales. Sienten que sus condiciones de habitabilidad eran más adecuadas en el territorio de origen que en el espacio de destino.

El libro discute en qué medida las nuevas posibilidades de integración están determinadas por la diversidad de redes sociales con las que se encuentra un inmigrante, redes que pueden estar predeterminadas desde el punto de partida, o bien que se generan como estrategia y vínculo al espacio y a la sociedad desconocida. Más allá de tales posibilidades, estos lazos sociales están definidos a partir del ejercicio de construcción de confianza y reciprocidad.

Una de las lecturas refleja y desnuda a la sociedad chilena aparentemente blanca, rica y moderna. Cuando se presenta la idea del “buen migrante”, los autores desde una perspectiva histórica invitan a reflexionar sobre ese imaginario en la narrativa de la construcción de Estado-nación chileno, donde prevalece la imagen de un sujeto blanco, trabajador y dispuesto a ser dominado. Cabría preguntarse, entonces, cuánto de ese imaginario en la narrativa actual chilena prevalece. Y si prevalece conjuntamente con la estigmatización de la emigración y el exilio implantada durante la dictadura, que instala la idea del inmigrante como amenaza al orden nacional.

Del libro emergen al menos los siguientes cuestionamientos: ¿cuánto de esa amenaza, vigilancia y miedo desde una dimensión y perspectiva foucaltiana prevalece hasta hoy?; ¿qué tan diferentes son las narrativas de los inmigrantes europeos, pakistaníes, chinos, bolivianos, coreanos avecindados en Chile?; ¿qué es lo que se reconfigura a partir del arribo de nuevos inmigrantes?; ¿por qué asumir que los inmigrantes de la Costa Pacífica encarnan símbolos de miedo, de distancia y diferencia? Estos miedos dominan y reflejan la ignorancia de una sociedad como la chilena, que se considera distinta, pero que es distante y excluyente.

En el libro se comprende el proyecto inmigratorio como fenómeno complejo que exige romper con la dimensión lineal del viaje de un sujeto. Se asume la inmigración en su dimensión integral, como un proceso en que se demanda no solo cobijo, abrigo, casa, confort, vivienda, sino también salud, cultura y comprensión.

El libro es refrescante, en tanto se construye desde relatos de vida de los inmigrantes, la observación participante, los recorridos comentados, las sensaciones, lecturas y experiencias de quienes observan a los inmigrantes e intentan comprender sus formas de vida, sus prácticas espaciales, dejando de lado prejuicios y concepciones añosas respecto de las inscripciones y anclajes de estos sujetos. Detrás de la etnografía, los investigadores posibilitan la familiaridad con los inmigrantes, buscando conocer y adentrarse en sus experiencias y existencias.

Algunos autores indagan, también, en el sentido del término ‘hibridación’, por cuanto la experiencia inmigratoria no siempre conecta el lugar de origen con el de destino. En el relato y construcción, las formas de pertenencias múltiples son construcciones constantes y diarias. Se parte de un supuesto asumido: el proyecto inmigratorio no es un proceso lineal ni predeterminado, sino más bien cíclico, dinámico, subjetivo y construido en el largo plazo. Se sustenta la hipótesis del anclaje de mujeres inmigrantes en función de tres ejes: el trabajo, la familia y sus redes familiares. Estos anclajes son rearticulados cotidianamente. En el relato de algunas mujeres inmigrantes peruanas, y especialmente limeñas, se descubren las discontinuidades y diferencias irreconciliables entre Santiago y Lima. Los relatos de las “bellas durmientes” reflejan el sentido que los inmigrantes dan al recorrido entre una ciudad y otra, estructuradas por geografías que se vuelven ocultas, por cuanto el sentido del movimiento está determinado por el punto de salida y el sitio deseado.

Otros relatos advierten que el acceso a la casa propia significa para algunos la necesidad de adaptarse a los lugares, asumiendo que los sitios no se adaptan a ellos; es decir, la resignación se convierte en un refugio para aquellos que consolidan su proyecto migratorio a más de 3500 kilómetros de su lugar de origen. La adaptación al lugar de acogida está determinada para muchos por la familia como eje y ancla de su experiencia inmigratoria. Estos discursos transmiten algo significativo del proyecto inmigratorio: las redes sociales y familiares son elementos articuladores de los procesos de inserción en los lugares de acogida. El trabajo y el acceso al territorio están sujetos a los vínculos que los inmigrantes establecen con sus espejos y sujetos preexistentes. Los primeros van cimentando el camino para los próximos inmigrantes.

Al referirse a inmigración y desarraigo, diferentes autores aleccionan sobre los territorios frontera, comprendidos como aquellos que poseen diferencias respecto del espacio de los nativos, y que surgen articulados en torno a una cultura, una etnia y un habitar determinados por la condición de extranjeros.

El rasgo común de los inmigrantes respecto de su comunidad de origen es la “carencia”, un problema o una pregunta sin respuesta, o bien que busca una solución en la sociedad de acogida. Sin embargo, los autores aseguran que pese a que la experiencia pueda estar dominada por o resulte de una ruptura, los que emigran siempre heredan y se llevan algo, y ese algo es el faro que permite una nueva reconstrucción, ya sea individual o colectiva. Por tanto, la experiencia que gatilla la migración está en algunos casos acompañada de soledad, falta de respuestas, percepción del desarraigo respecto de la comunidad de salida.

Ahora bien, desde una mirada positiva del cambio, y desde la extranjeridad teórica, la inmigración involucra un proceso de resignificación de la experiencia individual. El desarraigo puede asumirse en función de la geografía y la espacialidad a la que se ven sometidos los inmigrantes: el clima, el sabor del agua, los colores y escasez de los vegetales, frutas, las formas de las calles, las distancias, el sol, la cordillera, bordes costeros, entre otros. Dichos factores hacen que el desarraigo, desde una dimensión espacial, vuelva más compleja la redefinición del arraigo y el anclaje en el lugar de acogida. Todas estas geografías y las distancias paradójicas determinadas por espacios jurídicos es lo que transforma a un sujeto en extranjero; por consiguiente la proximidad y la distancia se configuran como dimensiones conflictivas en sus vínculos territoriales y societales.

Finalmente, el libro invita a comprender que los proyectos inmigratorios no solo afectan a las sociedades expulsoras; también transforman y generan conflictos en las localidades de origen, en las cuales emergen nuevos sentidos y nuevas fronteras imaginadas, espaciales y sociales.

 

Yasna Contreras

Profesora Asistente, Departamento de Geografía

Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile

e-mail: ycontrerasg@uchilefau.cl

vol 42 | no 127 | septiembre 2016 | pp. 341-345 | reseñas | ©EURE

issn impreso 0250-7161 | issn digital 0717-6236

Contreras, Y. (2016). Ruta migrantes en Chile. Habitar, festejar y trabajar. Revista EURE - Revista De Estudios Urbano Regionales, 42(127).